MIGRACIONES INTERNAS EN ÁFRICA

Al estudiar las aves, nos topamos con la categoría de las migratorias, que realizan vuelos intercontinentales, huyendo del frío invernal y buscando el calor y la humedad, pues en ese caldo de cultivo surge la vida: lugares privilegiados son los humedales, deltas y marismas, donde la alimentación, tanto vegetal como animal, no escasean.
Paralelamente entre los humanos hablamos de nómadas, que ejercen la transhumancia con sus rebaños en pos de las lluvias, madres de los pastos. Esa transhumancia es una emigración nueva, rotativa con sus rutas de verano y sus cañadas de invierno.
LOS AFRICANOS, LOS PRIMEROS HUMANOS MIGRANTES
También existen otras migraciones ocasionadas por catástrofes naturales o por conflictos entre tribus y luchas interétnicas, que pugnan por adueñarse de un cierto territorio, en busca de un cuadro de vida mejor y más próspero, con clima más saludable y régimen de lluvias regular.
Antonio Molina MAfr.
PRIMERAS MIGRACIONES AFRICANAS
Desde los primeros tiempos es lo que fue aconteciendo en África. Desde el valle de Olduway, cuna de la Humanidad. Los humanos aprovecharon esa autopista fluvial que es el Nilo, con su prolongación hacia el sur por la gran falla del Rift y la cadena de valles y lagos del corazón de África, que forman un rosario terminado en el lago Marave (Malawi) y el valle del Zambeze, para irse del centro al sur y al norte. Llegados al lago Chad, entonces auténtico mar interior, continuaron su marcha hacia occidente, bordeando el río Níger.

Testigos de estos movimientos son las dinastías de faraones negros, que hubo en Egipto y algunas pinturas funerarias y bajorrelieves donde aparecen figuras humanas con los rasgos característicos de los negros. La reina de Shaba dirá de ella misma: "Soy negra, pero hermosa…"

Podemos afirmar que el África de las migraciones son los valles de los ríos hacia el interior y el contorno del continente por las tierras bajas de sus playas. La selva, en aquellos tiempos floresta mucho más impenetrable que en la actualidad, era el reino tenebroso del misterio, bosque de los espíritus y habitat de los animales salvajes: las fieras, que atacaban a los cazadores y diezmaban los rebaños de los pastores.

Desde los primeros tiempos es lo que fue aconteciendo en África. Desde el valle de Olduway, cuna de la Humanidad. Los humanos aprovecharon esa autopista fluvial que es el Nilo, con su prolongación hacia el sur por la gran falla del Rift y la cadena de valles y lagos del corazón de África, que forman un rosario terminado en el lago Marave (Malawi) y el valle del Zambeze, para irse del centro al sur y al norte. Llegados al lago Chad, entonces auténtico mar interior, continuaron su marcha hacia occidente, bordeando el río Níger.

Testigos de estos movimientos son las dinastías de faraones negros, que hubo en Egipto y algunas pinturas funerarias y bajorrelieves donde aparecen figuras humanas con los rasgos característicos de los negros. La reina de Shaba dirá de ella misma: "Soy negra, pero hermosa…"

Podemos afirmar que el África de las migraciones son los valles de los ríos hacia el interior y el contorno del continente por las tierras bajas de sus playas. La selva, en aquellos tiempos floresta mucho más impenetrable que en la actualidad, era el reino tenebroso del misterio, bosque de los espíritus y habitat de los animales salvajes: las fieras, que atacaban a los cazadores y diezmaban los rebaños de los pastores.

Las grandes emigraciones tuvieron como teatro los espacios abiertos: las sabanas y las estepas, los bordes de los desiertos. Sólo en épocas de peligro, las tribus se refugiaban en las montañas, huyendo de las invasiones de enemigos más fuertes o de hordas superiores en número, mejor armadas. No es por placer que los Dogones se refugiaron en los acantilados y escarpas de Bandiágara entre Malí y Burkina Faso, ni los cabileños subieron a las montañas de la pequeña y gran Kabilia en Argelia o al Atlas en Marruecos. En general, las montañas se poblaron, cuando no era posible vivir en los valles, sea por su insalubridad, sea por su inseguridad. Pero es un hecho comprobado por la arqueología, que los africanos apreciaron siempre establecerse en las orillas de los lagos, donde encontraban tierras bajas para el cultivo, agua dulce abundante y alimento nutritivo con la pesca.

Esta es el África paradisíaca anterior a todas las invasiones del exterior por los cuatro puntos cardinales. Los fenicios establecieron sus colonias comerciales y factorías en el contorno mediterráneo desde Egipto hasta el Magreb y Hesperia. Afincados en Ifriquia (actual Túnez), hicieron de Cartago su emporio. Al llegar Roma a su apogeo luchó contra Cartago, su eterno rival y lo venció al cabo de las famosas guerras púnicas. "Delenda est Carthago" y la ciudad fue arrasada. Entretanto, los beréberes, primitivos pobladores de las riberas meridionales del Mediterráneo, se fueron refugiando en las montañas de Cabilia, para "ver los toros desde la barrera". Después del triunfo de Roma, llegó la era de la "romanización". Algunos se fueron asimilando a la nueva cultura imperante, produciéndose un cierto mestizaje, que produjo hombres tan ilustres como Cipriano y Tertuliano en Cartago y Agustín de Hipona, hijo de padre bereber y madre romana. "El argelino más ilustre", lo ha proclamado el presidente Buteflika de Argelia.

MIGRACIONES MÁS RECIENTES
Algo parecido acontece cuando los marinos lusitanos comienzan a circumnavegar el continente buscando la ruta marítima de la India. Donde establecen fuertes y factorías comerciales, cuyos nombres portugueses perduran hasta hoy: Cabo Verde, San Pedro, S. Juan Bautista de Ayuda, (hoy Uidah), Lagos, Porto Novo, etc… Estos navegantes van descubriendo lenguas diversas, pero algunas con estructuras semejantes. Se trata de los pueblos "Bantu" o bantúes. Algunos etnólogos opinan, que un grupo de etnias, que hablaban lenguas basadas en las "clases nominales" (prefijos+radicales) fueron expulsadas del Sahara por causa de la sequía progresiva y creciente. Unos se dirigieron hacia las montañas del norte, otros hacia el valle del Nilo y la cuenca del gran lago Chad, que recordemos, entonces era un verdadero mar interior.

Estos pueblos, cazadores y pastores, empujaron a los autóctonos, dedicados a la agricultura hacia el sur: las selvas y florestas tropicales y ecuatoriales. Algunos de estos pueblos bantúhablantes, llegados a la región que hoy llamamos el "copper belt" -cinturón del cobre- : Katanga y Zambia actuales y una parte oriental de Angola, entraron en contacto con la cultura de los metales y los pueblos allí asentados.

Por otro lado, los pueblos del Oeste africano (el antiguo Sudán francés de la era colonial: Senegal y Malí) caminando y navegando por la cuenca del río Níger, llegan hasta la cuenca del Congo, de modo que el pueblo Wolof, radicado en el Cabo Verde senegalés, es pariente lejano del pueblo Zulú de Sudáfrica. De otra rama, que emigró al norte del Camerún con sus ganados, vienen los Fufuldé (Peuls o Fulani) que aún hoy viven como seminómadas por todo el Sahel: Senegal, Malí, Burkina, Níger…

Todos estos movimientos erráticos en pos de tierras fértiles, de aguas y pastos se produjeron durante los diez mil años anteriores a la era cristiana, cuando el Sahara se fue transformando en desierto.

LAS MIGRACIONES MODERNAS
A partir de la invasión musulmana del África del norte y del este, bandas armadas de guerreros árabes y beréberes islamizados penetran a través del Sahara buscando el oro, la sal y los esclavos del Sudán (Malí y Costa de Oro). Durante toda la Edad Media, el ir y venir de las caravanas es constante. Se establecen auténticas rutas, como ya existían desde la antigüedad en el Medio Oriente, que atravesando las estepas asiáticas, llegaban hasta China, como la fabulosa "ruta de la seda".
LA TRATA DE NEGROS HACIA EL NUEVO MUNDO
A partir del siglo XVI, cuando los portugueses se dan cuenta en el Brasil, que los indios no servían para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar, se acuerdan de lo que habían observado en Mesopotamia. En las plantaciones de los valles del Tigris y Eufrates, los señores árabes empleaban esclavos negros traídos ("cazados") de las costas del África oriental, cuyo mercado central se hallaba en la isla de Zanzíbar, sultanato frontero a Tanzania. Es a partir de entonces que, principalmente desde África occidental y el Golfo de Guinea (la costa de los esclavos) se organiza el comercio de mano de obra africana, llamado la trata de negros.

Los barcos negreros, al principio portugueses, pero después en menor escala españoles, franceses, ingleses, holandeses y hasta daneses, llegaban a las costas africanas y allí compraban los esclavos negros, sea a los reyezuelos locales, que les vendían sus prisioneros a cambio de alcohol, tejidos, quincallería y armas obsoletas, sea a los comerciantes árabes, que con sus bandas armadas penetraban en el interior de las tierras, para "cazar" a los pacíficos agricultores sahelianos o bantúes.

La zona de este comercio infame iba desde la isla de Gorée, frente a Dakar (Senegal) hasta la isla de Zanzíbar, en el Océano Índico. Todos los fuertes y factorías portuguesas del golfo de Guinea y de la costa oriental, en el actual Mozambique eran puertos de exportación de esclavos. Cuando los primeros misioneros de África, Padres Blancos, llegaron a Tanganica, a finales del siglo XIX, aún imperaba en aquellas regiones el terriblemente famoso y sanguinario Tipo Tip, que abastecía los mercados de esclavos de Zanzíbar, destinados a los potentados de Arabia y del Golfo Pérsico.

(En la foto: Monumento a la esclavitud en Gorée (Senegal)

En estos tres siglos de la trata de esclavos, además de varios millones de subsaharianos trasladados a las Américas, hubo pueblos que para salvarse huyeron hacia las selvas impenetrables, tropicales y ecuatoriales, pues los pueblos ribereños estaban más expuestos a las "razzias" de los esclavistas. Sin la colaboración de estos cazadores de seres humanos, árabes y mulatos islamizados, el comercio de esclavos habría encontrado muchas dificultades, pues los barcos negreros y su marinería permanecían anclados cerca de las playas, no se arriesgaban a ir al interior de las tierras, abandonando el navío.

EN LOS TIEMPOS ACTUALES
La época colonial conoció grandes desplazamientos de poblaciones, muchas veces para facilitar buenas tierras de cultivo para los colonos europeos. Este proceso se dio con más frecuencia en las antiguas colonias inglesas: Rodesias del Norte y del Sur, Uganda, Kenia, Sudáfrica. Países de buen clima y capaces de producir cereales, café, té, azúcar, etc… con buenos rendimientos.

Otro factor de grandes desplazamientos y emigraciones son los conflictos armados, sobretodo en la era de las independencias, en que tan frecuentes han sido los golpes de estado. Llamamos "desplazados" a los pueblos que abandonaron sus regiones para establecerse de buen grado o a la fuerza, en otros lugres del mismo país, casi siempre para alejarse del escenario de las guerras. Si el conflicto es tal, que tienen que abandonar el propio país para establecerse en otro vecino, entonces se habla de "refugiados". Un caso típico de desplazamiento de poblaciones se produjo durante la guerra civil de Angola. Un cuarto de la población se fue del interior a las costas. Caso de refugiados los tenemos en la R. D. del Congo y también en Darfur, donde ese desbordamiento está rompiendo el frágil equilibrio del gobierno del Chad. África es el continente que más refugiados tiene: Más de 18 millones de seres humanos, que han tenido que abandonar sus tierras y vivir en campamentos.

LA EMIGRACIÓN
Estamos hoy presenciando una crisis parecida a la de la trata de negros del pasado. Existe, por un lado la fuga de cerebros, que deberían ser en sus respectivos países, las locomotoras del desarrollo y por otro lado se marchan los hombres y mujeres jóvenes, hasta niños, que son la fuerza de trabajo. En muchas aldeas sólo se quedan los viejos, las madres con hijos pequeños y los enfermos de Sida.

¿Podrá África, a pesar de su fuerza vital, aguantar esta nueva sangría?

Fuente: Revista Africana de los Misioneros de Africa (España) Antonio Molina (Misionero de África)