
En el 2005 terminaba mi prepa, cuando me invitó mi hermano a una cena en su casa, a la que asistió el padre de mi parroquia, que varias veces me había cuestionado sobre mi futuro, (ya que yo tenía pensado estudiar arquitectura y un curso de veterinaria), durante y después de la cena solo había un lugar para sentarme: a un lado del padre. Me animé y me senté, empecé a preguntarle algunas dudas sobre la religión. El me contestó, y me platicó de la vida en el seminario, y más aun me explicó la diferencia de formación y, de estilo de vida entre los misioneros y los diocesanos. Esa plática fue prolongada, me dejó con más dudas sobre lo que quería ya que sentía que Dios me invitaba a seguirlo. Así, tras pasar una semana, seguía con esa inquietud, pero no le quise dar mucha importancia, mucho menos pensaba renunciar a mis becas. El domingo siguiente, después de misa, tome valor, le dije lo que sentía y se sonrió. Me dijo que en unos días tendría un retiro la diócesis, asistí y creí que eso era lo que Dios me pedía. La respuesta del promotor vocacional fue que era muy joven y que esperara un tiempo más para que descubriera bien lo que quería. Me desanimó mucho y ya no quería saber nada de la vocación, sin embargo el padre me dijo que no me desesperara que intentara con los misioneros y no me pareció mala la idea. Entonces me preguntó “¿te gustaría ir a África?” Y mi respuesta fue “NO nunca”. Por lo tanto, buscamos información en congregaciones que tuvieran misión en otras partes del mundo. Estas comunidades me dieron información, pero no me acababan de convencer, no era lo que yo buscaba.
Unos meses después, mi párroco me dijo que iría a visitarnos un padre, me podría ayudar en eso que buscaba, pero no me dio mucha información sobre dicho padre, solo que era misionero. Mi párroco le comentó a este padre, de mí y de mis inquietudes, este padre me contactó por teléfono y me invitó a su misa. Me dijo que después de misa platicaríamos eso me motivó y asistí. Durante la misa el padre hablaba de África me sorprendía y más aun cuando se rezó el padre nuestro en francés y en un dialecto de África, ya que yo le había dicho a mi párroco que no quería saber nada de la misión en África y este padre tenía conocimiento en áfrica, pensé “quizás estuvo algún tiempo en África y ya está en otro lugar, por eso sabe cosas de África”. No le quise dar más importancia a lo que sabía de África, aunque me llamaba mucho la atención lo que el padre comentaba. Después de misa, al platicar con él, la primera pregunta fue “¿cómo sabe usted tanto de África?” Me dijo muy orgulloso “soy de los MISIONEROS DE AFRICA, me llamo Cristóbal Padilla”. Me impactó al verlo tan convencido, me explicó con mucho detalle de la misión en África. Al escucharlo, yo sentía que eso era lo que estaba buscando, y me dio información de la comunidad. Me dijo que me pusiera en contacto con el padre Fidel Salazar si me interesaba, cosa que hice en los siguientes días.
Después de esa plática sentí una gran tranquilidad acerca de lo que Dios me pedía, y descubrí mi llamado. Al paso de los días les dije a mis padres que ya había encontrado el lugar o la comunidad donde Dios me había llamado. Ellos muy contentos me preguntaron que cuál era, yo con mucho gusto les dije, “los Misioneros de África”. Me preguntaron, donde trabajaban ellos, pero su cara ya no era la misma, al contestarles en África, no les pareció y trataron de convencerme de contactar a mi obispo y pedirle una oportunidad, de esa manera estaría cerca de ellos. Les empecé a explicar lo que yo sentía y que no era fácil, trataron de entenderme, pero no me dieron su apoyo por completo. Como mis papeles de emigración no los tenía en regla, debía pedir permiso para salir del país, el cual fue negado y me dijeron que en los próximos 2 años no podría salir, eso me entristeció, mis padres trataron de consolarme de nuevo diciendo “¿por qué no le dices al obispo que te ayude a entrar a su diócesis?”Les dije que mejor esperaría. Ya pasado los 2 años, en mes de mayo del 2007 pude ingresar a la comunidad, estoy muy contento, ya estoy en mi primer año de filosofía en la casa de Guadalajara. Quizás te surjan las preguntas que me hacen mis amigos y familiares al saber que dejé todo por seguir a Cristo en África. Ellos me preguntan “¿cómo dejas a tu familia por ir a una tierra lejana donde no hablan tu idioma?”, “¿cómo dejaste tus dos becas sabiendo lo difícil que es conseguir una beca en los EU?” Mi respuesta es “cuando Dios llama, no hay barreras y es poco lo que sacrificamos por seguirlo”.
Sobre mi familia, les digo que sólo los dejo físicamente pero los llevo en el corazón, y no estoy solo, tengo una comunidad que también es mi familia, donde todos tenemos el mismo ideal, África, y sí, tienen razón cuando dicen que está lejos África y que no hablan mi idioma, pero contesto que para eso estoy estudiando el inglés y preparándome para empezar el francés. Todo eso lo hago para poder trasmitirles a los africanos lo que Dios me ha dado a mi corta edad.